lunes, 15 de julio de 2013

El cursor titila. Ya perdí la cuenta de cuantas veces lo hizo, pero definitivamente eso fue lo que me llevó a abandonar mi carrera de cronista redactora. Me alteran los inicios, soy ansiosa por naturaleza, y verlo titilar tantas veces me hace recordar que ninguna buena idea aterrizo en mi cabeza.
Me gusta imaginar historias que no sucedieron, y también creo que si las imagino, algún día sucederán.
Soy de las que leen libros y miran películas con historias trilladas, pero cuando escribo, me gusta ser autentica.
Cuando era pequeña y me juntaba con mi mejor amiga, antes de dormir, le inventaba alguna historia para que conciliara el sueño más rápido. Casi siempre la involucraba con el amor que en aquel momento la enloquecía. Nunca sucedieron ninguno de los tantos cuentos que invente, pero de seguro podría haber escrito un libro con ellos.
La escritura me enseñó que en algún lugar escondido de mi ser soy una mujer con sentimientos profundos.
-Soy descendiente de una numerosa familia Checa, de aquellos que creen que saludarse con un beso es ordinario, y que los ¨te quiero¨son de homosexuales- pero, este medio hizo crecer aquel lado sensible que creí que no tenía. No me gusta guardarme lo que siento, ni lo que pienso, pero a su vez, me cuesta sacarlo afuera.
Implemente la violencia como método de demostrar mis sentimientos. Y los abrazos que doy son lo más parecido al cariño que le das a un can cuando recién lo conocés y le tenes miedo. Soy especial. Pero las palabras escritas me significan, me ayudan y me complementan.

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