sábado, 13 de julio de 2013

Ambar

Se sienta en el borde de la ventana. Desde ahi puede ver la inmensidad del paisaje, la profundidad de los arboles de su ciudad.
El día esta gris, y llueve muchisimo.
De todos los cuartos de la casa, eligio el mas húmedo, y el que tiene la gotera mas grande. Pero no le importa limpiar el piso luego de cada lluvia, porque se siente más cerca del cielo, y de Dios frente al enorme ventanal.
Pasa horas mirando y hablando con ella misma. A veces se detiene en un punto fijo, básicamente no mira nada, solo imagina.
Lo imagina a el, sentado a su lado, tan solo tendiéndole su mano. Se siente tan sola, que escucha su voz, cuando solo se puede oir las gotas de lluvia impactando en el parqué de su dormitorio.
Imagina su sonrisa, y sus ojos brillantes. Creyó haberlo enamorado alguna vez, y le entregó los vestigios de un corazón acribillado luego de tantas derrotas. Hoy no sabe si late, o si vive por inercia.
Cuando cree todo perdido, vuelve a reencontrarlo. El saca todo de ella, hasta lo que nunca creyó que tuviera dentro.
Siempre fue fobica a los abrazos, a los besos pegajosos, y a las miradas fijas. Hoy los extraña, los desea, y los imagina desde que amanece hasta que a duras penas puede dormir.
Lo sueña, lo sueña odiandola. Asi se siente. Ignorada, desaprovechada, inútil. No se siente apta para ninguna batalla más. Cualquier minima lagrima podria matarla por completo. No quiere arriesgarse a vivir ninguna situacion, pero tampoco quiere olvidarlo, o no puede. No sabe porque apareció ahí, existiendo tanta gente.
La noche va cayendo. Las luces de la naturaleza se van apagando una a una. Ya no hay nada mas que ver. Se baja del ventanal. Le pone traba y vuelve a la cama otra vez. Se fue otro día más, otro día desperdiciado en viejas ilusiones.

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